Mindfulness en la era digital

La digitalización cambia nuestro cerebro, es una realidad. Lo sufre nuestra fuerza de voluntad, nuestra concentración, nuestra atención pero también la satisfacción subjetiva de la vida. ¿Qué significa eso para mí y qué puedo hacer en términos de atención plena digital?

Tecnología y mejora humana

Es innegable que la tecnología ha mejorado con creces nuestra vida. Hoy en día, las prótesis pueden ser controladas por el poder del pensamiento y los científicos están investigando con éxito cómo podría funcionar la retroalimentación en el cerebro para que también podamos sentir el tacto de una prótesis como si fuera nuestro propio brazo.

El poder vivir realidades virtuales directamente en nuestro cerebro sin tener que usar gafas 3D todavía queda bastante lejos, pero probablemente solo sea cuestión de tiempo.

También hay desarrollos hoy que nunca podríamos haber imaginado hace solo unos años: las redes sociales son una parte esencial de la vida de muchas personas. Esto se debe a que responden a una necesidad básica: queremos sentir que pertenecemos, que gustamos. Esta necesidad básica se aborda cuando obtenemos un «me gusta» en las redes sociales. Con el tiempo, nos acostumbramos a estos me gusta y queremos más.

Sin embargo, y a pesar de las numerosas ventajas que se pueden apreciar, numerosos estudios nos muestran los cambios que está sufriendo nuestro cerebro debido a la tecnología y que abordamos en el siguiente punto.

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Nuestro cerebro en transición: el precio de la digitalización

Es un hecho bien conocido que nuestro cerebro es maleable, al igual que nuestros músculos, por ejemplo. Así aquellas regiones del cerebro y aquellos músculos que usamos mucho se acaban desarrollado más que el resto. 

Y es que lo que queda sin usar se marchita. La ciencia llama a esto neuroplasticidad. Si nos movemos cada vez con más fluidez por los mundos digitales, podemos llegar a pagar un alto precio:

Falta de capacidad para concentrarse.

Hoy estamos expuestos a una sobre estimulación constante por parte de información en gran medida sin importancia que apenas podemos procesar. El ir y venir constante de lo que estamos haciendo solo hace que nuestra capacidad de atención disminuya. El resultado es un trastorno de atención. Esto a su vez reduce nuestra eficacia y rendimiento laboral.

Disminución de la fuerza de voluntad

Adam Alter muestra que los teléfonos inteligentes, las aplicaciones y las redes sociales están diseñados deliberadamente de tal manera que nos resulta difícil detenernos. Estos algoritmos se optimizan constantemente. 

Según los estudios, las adicciones conductuales ya son clínicamente relevantes en alrededor del 40 % de la población. Nuestra duración y calidad de vida se resienten como resultado, y la pérdida recurrente de control socava nuestra capacidad de autorregularnos.

La falta de sueño 

Numerosos estudios muestran que la luz azul de las pantallas confunde nuestro cerebro y nuestro sistema nervioso e incluso influye en el equilibrio hormonal. Esto reduce la calidad de nuestro sueño y nos dificulta conciliar el sueño, permanecer dormido o despertarnos demasiado temprano.

La falta de empatía

En un estudio llevado a cabo recientemente, se invitó a extraños a hablar en parejas. En algunos casos, les permitían tener un móvil sobre la mesa, apagado, eso sí. Y fue precisamente en estos casos en los que los interlocutores encontraron la conversación menos empática y distendida que en los casos en los que no había móviles sobre la mesa. 

Y es que este aparato sobre la mesa parece que redujo de forma inconsciente la calidad de la conversación, incluso  estando apagado.

Mindfulness en la era digital

Incluso si nuestro cerebro es maleable, no podemos evitar ciertas constantes humanas básicas por el momento. Conocerlas puede ayudarnos a recuperar el control de nuestra vida digital. Para esto necesitas:

  • Conocimiento de las relaciones causales esenciales: Sabiendo cómo funcionan los mecanismos desencadenantes de la adicción a las ofertas digitales, podemos ayudar a nuestro cerebro a reconocer la trampa debajo del gusano, y no morderlo de inmediato. Un buen ejercicio para esto: antes de encender el móvil/ordenador, siéntate frente a él durante un minuto y toma conciencia de los mecanismos en funcionamiento en ese instante.
  • Entrenamiento de la atención: La capacidad de enfocar nuestra atención de la manera que queramos (en lugar de simplemente seguir automáticamente el estímulo externo más fuerte en ese momento) es la palanca más poderosa para la eficiencia y la salud mental. Podemos, y debemos, entrenar esto de manera específica. Una simple meditación de respiración como práctica regular es muy adecuada aquí.
  • Autoconocimiento: La conciencia de nuestros propios patrones, puntos desencadenantes y recursos en el mundo digital, y fuera de él, nos hace más capaces y resistentes. Una breve reflexión (escrita) sobre esto por la noche aporta claridad.
  • Estrategias individuales y cambios concretos en el comportamiento: La investigación es clara en este sentido y el conocimiento no es siempre suficiente. Haz un plan concreto para cuando tengas tiempos offline y de «ocio» y regístralo en un plan de entrenamiento personal.

La digitalización es un desafío importante: cuanta más inseguridad y aceleración en el exterior, más seguridad y calma se requiere en el interior, porque nuestros cerebros (todavía) funcionan de manera muy análoga. Con un adecuado entrenamiento podemos ser capaces de controlar nuestros impulsos digitales y disfrutar de una vida más plena. 

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